En Aldeadávila de la Ribera, en la iglesia de El Salvador, la obra volvió a encontrar un escenario diferente y una comunidad diferente. No podía ser de otra manera en una localidad que Miguel de Unamuno llegó a definir como «el corazón de Las Arribes». La música, la poesía y la interpretación encontraron la respuesta de un público que acompañó la representación con atención y que reconoció el trabajo de los artistas con una larga ovación y múltiples felicitaciones al finalizar.
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