En una sociedad dominada por las pantallas, las prisas y el ruido constante, ver a un templo lleno de personas siguiendo cada escena con absoluto respeto constituye, en sí mismo, una noticia. El silencio no fue una ausencia de sonido, sino una forma de participar en la representación. Cada verso, cada melodía y cada diálogo encontraban su respuesta en esa atención compartida. Al concluir la función en la iglesia de Cantaracillo la ovación dedicada a los cinco artistas rompió de forma natural ese silencio lleno de significado, reconociendo el trabajo que continúa acercando el teatro profesional
← Todas las galerías