La prolongada ovación del público y las felicitaciones al finalizar la representación en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en Colmenar de Montemayor no fue solo un reconocimiento a los intérpretes. Fue también la expresión de una necesidad muchas veces olvidada: la de acceder a experiencias culturales de calidad sin importar el tamaño del municipio. Porque la belleza no entiende de censos ni de kilómetros. Pertenece a todos. Y cuando llega a un pequeño pueblo, no hace más importante al lugar: recuerda que ya lo era.
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