La Vídola, con apenas un centenar de habitantes, volvió a demostrar que el tamaño de un municipio nunca determina la dimensión de su compromiso con la cultura. A veces basta una persona dispuesta a implicarse para que todo un pueblo pueda disfrutar de una experiencia inolvidable. Y ese trabajo silencioso también merece, de vez en cuando, un aplauso. La respuesta de los vecinos fue la mejor recompensa. La iglesia reunió a un público atento que siguió la representación con enorme interés y despidió a los cinco intérpretes con una cálida ovación, consciente de haber vivido una tarde diferente.
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