La iglesia de San Benito de Galisancho se convirtió en escenario. La música, la poesía y la interpretación llenaron un espacio que forma parte de la memoria cotidiana de varias generaciones de vecinos. Los cinco intérpretes hicieron posible que la historia de un hombre del siglo XVI volviera a hablar a personas del siglo XXI. La prolongada ovación del público, en pie, al finalizar la representación fue la mejor prueba de que aquella tarde había sucedido algo más que una actividad cultural. Se había creado un recuerdo colectivo.
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