En Sanchón de la Ribera, por primera vez, la iglesia de San Cristóbal abrió sus puertas a un montaje teatral de estas características y permitió a sus vecinos descubrir hasta qué punto un espacio conocido puede transformarse cuando la cultura entra en él. Cuando terminó la representación, la ovación del público puso el punto final a una experiencia inédita. La obra se marchó, los instrumentos volvieron a sus estuches y el escenario desapareció. Pero durante unas horas, un pueblo pequeño había comprobado que también puede convertirse en escenario de una gran experiencia cultural.
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