En la iglesia de San Fernando de La Sagrada, la música en directo, la poesía de San Juan de la Cruz y la interpretación de los cinco artistas fueron construyendo una atmósfera que invitaba a escuchar. No había necesidad de correr hacia la siguiente escena ni de llenar cada silencio. Al contrario: los silencios también formaban parte de la historia. Al finalizar, los intérpretes recibieron una cálida y larga ovación. El aplauso fue la manera de devolverles aquello que habían conseguido crear: un tiempo diferente.
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