La imagen resulta difícil de ignorar. Mientras el cielo cambiaba durante unas horas, una pequeña comunidad volvía a demostrar que también puede cambiar el uso de sus espacios sin perder su identidad. La iglesia de San Sebastián en Campillo de Azaba se convirtió en escenario, lugar de encuentro y espacio cultural. El público, que llenó la iglesia, respondió con atención y con una larga y cálida ovación a los cinco intérpretes. El aplauso fue mucho más que el final de una función: fue la expresión de una comunidad que había compartido una experiencia inolvidable.
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