En Añover de Tormes, la iglesia de Santa Cruz se convirtió durante unas horas en un teatro singular. Los cinco intérpretes encontraron una acústica que permitió que las voces, los instrumentos y los versos adquirieran una dimensión distinta. Y el público, que llenó el templo, respondió con la atención y el aplauso que acompañan una experiencia compartida. Una larga ovación todos en pie.
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