En la iglesia de Santiago en Santiago de la Puebla no fue simplemente una representación más. Había algo parecido a un reencuentro. El personaje central de la obra volvía a una localidad que, más de un siglo atrás, había enviado al mundo carmelita a dos hombres que dedicarían su vida a estudiar, escribir y mantener viva una tradición espiritual y cultural: Gerardo de San Juan de la Cruz y Florencio del Niño Jesús. Cuando terminó la representación, la iglesia de Santiago respondió con una prolongada ovación todos en pie.
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